El primer video viralizado


El día en que estallaron las puebladas en Los Angelespor la golpiza contra Rodney King acababa de volver de los Estados Unidos.
Entre las notas destacadas de ese largo viaje por el gran país del norte  estaba la discusión que mantuve con Ignacio Galceran, en su departamento de Nueva York, y otro/a argentino/a que ahora no recuerdo sobre el racismo en la Argentina y la ejemplar integración cultural en los Estados Unidos.
Mi postura era que sentía mucha hipocresía al respecto en ese país. De hecho, no entendía el objeto de esa conversación; no me parecía que mi país fuera particularmente racista. Ellos, en cambio, que habían empezado con ese tema, sostenían que en la Argentina se vivía una discriminación que en el país que habían adoptado, no.
Ignacio me había invitado a comer y hacía algún tiempo que se había ido y que no lo veía. Discutimos más de lo que hubiera querido en una situación como ésa. Me acuerdo que Ignacio, orgulloso de su vivienda, me explicaba que los departamentos allí eran muy chicos y que el suyo -sospecharía que lo vería chico- era grande, lo que no era comparable a la vista.
Nunca olvidé esa sabrosisísima experiencia.
Hoy, al leer esta nota en ElPaís.es, caigo en la cuenta de a) ¡... que pasaron 25 años! b) la importancia de un episodio, tal como percibí aquel entonces, al punto de que aún se lo recuerde en tan nimios detalles; c) que el que lo filmara fue argentino, y d) que, además de sus implicaciones políticas, sociales y culturales, se lo reconoce como el primer vídeo viralizado.+
ENFRENTAMIENTO RACIAL EN EE UU »
‘El argentino’ que grabó el primer vídeo viral de la historia
George Holliday filmó en 1991 la paliza a Rodney King, que acabó dando origen al peor conflicto racial de Estados Unidos
Los Ángeles, 25 MAY 2017 - el país.es
Una de las primeras cosas que hizo George Holliday con su flamante cámara Sony Handycam de vídeo 8 milímetros fue salir a curiosear a un bar que había enfrente de su casa, al norte de Los Ángeles, donde estaban rodando una película. Era Terminator 2 y se rodaba la escena la que el cíborg le quita la ropa y la motoa un pandillero. Alcanzó a grabar a Arnold Schwarzenegger en la moto. En la madrugada del 3 de marzo de 1991, sobre esa misma cinta y en ese mismo lugar, grabó la salvaje paliza de la policía a un hombre negro llamado Rodney King. Fue el primer vídeo viral antes de que existiera esa palabra. El vídeo se convertiría en el primer ejemplo de reporterismo ciudadano, en un símbolo de la brutalidad policialy en el origen de los mayores disturbios raciales de la historia, de los que se acaba de cumplir el 25 aniversario.
“Así que la cinta empieza con Schwarzenegger en una moto… ¡Only in LA!”, reía Holliday el pasado lunes, recordando su historia frente al lugar exacto de los hechos. Entonces esto era un descampado. Hoy hay un museo para niños, una biblioteca pública y un parque. Los apartamentos Monte Vista, desde donde está grabado ese vídeo, siguen ahí.
Era casi la una de la madrugada cuando le despertó el ruido del helicóptero, relata. La policía venía persiguiendo a King a más de 160 kilómetros por hora por la autopista hasta que se paró en un arcén delante de la casa de Holliday. Cuando salió al balcón y vio policía, decidió empezar a grabar. King estaba a unos 40 metros de él. En la cinta se oyen los golpes de los porrazos sobre su cuerpo durante ocho minutos. Fue el primer ciudadano conocido que tomó la decisión de grabar la brutalidad de la policía contra un hombre negro. “En ese momento yo estoy pensando: ¿qué habrá hecho este tipo para merecerse eso?”.
No había teléfonos móviles, ni YouTube, ni redes sociales. George Holliday no sabía la importancia de lo que había grabado ni qué hacer con ello. Al día siguiente fue la maratón de Los Ángeles y acudió a grabar a un amigo que corría. Lo hizo a continuación de esa misma cinta. El vídeo casero más famoso del mundo empieza con Schwarzenegger en moto, sigue con Rodney King apaleado y acaba con un desconocido cruzando la meta de una maratón.
Ese domingo fue a una boda donde contó lo que había visto y nadie le dio importancia. Llamó a la comisaría de su barrio a preguntar qué había pasado la noche anterior, pero la policía no quiso decirle nada por teléfono a un curioso y le colgó. Finalmente, llamó a la televisión local señera de Los Ángeles, KTLA, a preguntar si sabían algo de una operación policial en su barrio. “En la conversación surgió el hecho de que lo tenía grabado y me dijeron que si les podía enseñar la cinta”.
Esa noche, KTLA puso la grabación en el telediario de las 10 de la noche. Fue la segunda noticia, después de la publicidad. En la pantalla ponía: “Filmado por George Holliday, Lakeview Terrace”. “El teléfono explotó. Todo el mundo quería una entrevista y una copia de la cinta. Tuve que desconectar el teléfono, físicamente”. A la mañana siguiente fue a la emisora a recuperar la cinta. “Me dijeron que era una historia más grande de lo que pensaban y que si se la podían quedar dos días en exclusiva por 500 dólares”. Aceptó. Esa misma tarde, el departamento de Asuntos Internos de la Policía de Los Ángeles se presentó en KTLA y confiscó la cinta. Afortunadamente, habían hecho una copia y se la dieron.
Cuatro policías blancos fueron a juicio por la agresión. El 29 de abril de 1992, fueron absueltos por un jurado de blancos, a pesar de que el mundo entero había visto, por primera vez en la historia, la prueba en vídeo. Esa tarde empezaron en el sur de Los Ángeles los peores disturbios raciales de Estados Unidos. La violencia duró seis días y murieron más de 60 personas. “Ha habido gente que me ha echado la culpa de los disturbios. Lo que hay en la cinta causó los disturbios, no la cinta”, se defiende.
Holliday cuenta todo esto en perfecto español porteño. Es hijo de padre inglés y madre alemana. Su padre era un alto directivo de la petrolera Shell y tuvo puestos en distintos países. George nació en Canadá y vivió en Indonesia y Londres, pero su padre eligió Buenos Aires para retirarse. De allí se vino a Los Ángeles a buscar trabajo a finales de los 80, porque en Argentina no conseguía independizarse.
“Un día vino mi hijo del colegio y me dijo: ‘Papá, apareces en un libro de historia”, dice Holliday. Una generación entera solo oye el nombre de Rodney King cuando surge un vídeo de brutalidad policial, ahora grabados con teléfonos, y algún presentador de televisión recuerda el precedente. Lo que más ilusión le hace no es eso, sino aparecer en una pregunta del juego Trivial Pursuit. Aún le reconocen por la calle, un cuarto de siglo después, a pesar de que ya casi no da entrevistas. Nunca hizo fortuna con el vídeo, dice que le engañaron varias veces. A sus 57 años trabaja de fontanero por cuenta propia. Un amigo le ayuda a vender derechos de emisión para documentales, reportajes o películas. Holliday recuperó hace pocos años la cámara Sony, también confiscada como prueba para el juicio. La cinta original sigue en poder del FBI.
Nunca habló con Rodney King sobre aquella noche. Holliday recuerda el lugar exacto en el que un día paró a echar gasolina, aproximadamente un año después del vídeo. Cuando iba a pagar, alguien le gritó desde la otra punta de la gasolinera: “¡Eh! ¡George Holliday! ¿Sabes quién soy?”, le dijo. “No le reconocí, solo le había visto en fotos con la cara golpeada”. Era Rodney King. “Me dijo: ‘Usted me salvó la vida’. Yo no supe qué decir. Nos dimos la mano y nos dijimos adiós”.

El grano que se muele

El Papa Francisco emitió el mensaje  para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.
Como es habitual, hace mucho hincapié en el sentido evangélico que debe primar en la comunicación, siendo ésta de carácter estratégico para la transmisión del testimonio.
Es un texto muy rico, pero destaco en el título lo que entiendo que es mas nutritivo para los que tenemos la tarea de comunicar de una u otra forma.+

«No temas, que yo estoy contigo» (Is 43,5) 
Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos
Vaticano, 24 de enero de 2017.- Gracias al desarrollo tecnológico, el acceso a los medios de comunicación es tal que muchísimos individuos tienen la posibilidad de compartir inmediatamente noticias y de difundirlas de manera capilar. Estas noticias pueden ser bonitas o feas, verdaderas o falsas. Nuestros padres en la fe ya hablaban de la mente humana como de una piedra de molino que, movida por el agua, no se puede detener. Sin embargo, quien se encarga del molino tiene la posibilidad de decidir si moler trigo o cizaña. La mente del hombre está siempre en acción y no puede dejar de «moler» lo que recibe, pero está en nosotros decidir qué material le ofrecemos. (cf. Casiano el Romano, Carta a Leoncio Igumeno). 
Me gustaría con este mensaje llegar y animar a todos los que, tanto en el ámbito profesional como en el de las relaciones personales, «muelen» cada día mucha información para ofrecer un pan tierno y bueno a todos los que se alimentan de los frutos de su comunicación. Quisiera exhortar a todos a una comunicación constructiva que, rechazando los prejuicios contra los demás, fomente una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con auténtica confianza. 
Creo que es necesario romper el círculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo, fruto de esa costumbre de centrarse en las «malas noticias» (guerras, terrorismo, escándalos y cualquier tipo de frustración en el acontecer humano). Ciertamente, no se trata de favorecer una desinformación en la que se ignore el drama del sufrimiento, ni de caer en un optimismo ingenuo que no se deja afectar por el escándalo del mal. Quisiera, por el contrario, que todos tratemos de superar ese sentimiento de disgusto y de resignación que con frecuencia se apodera de nosotros, arrojándonos en la apatía, generando miedos o dándonos la impresión de que no se puede frenar el mal. Además, en un sistema comunicativo donde reina la lógica según la cual para que una noticia sea buena ha de causar un impacto, y donde fácilmente se hace espectáculo del drama del dolor y del misterio del mal, se puede caer en la tentación de adormecer la propia conciencia o de caer en la desesperación. 
Por lo tanto, quisiera contribuir a la búsqueda de un estilo comunicativo abierto y creativo, que no dé todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las cuales va dirigida la noticia. Invito a todos a ofrecer a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo narraciones marcadas por la lógica de la «buena noticia». 
La buena noticia
La vida del hombre no es sólo una crónica aséptica de acontecimientos, sino que es historia, una historia que espera ser narrada mediante la elección de una clave interpretativa que sepa seleccionar y recoger los datos más importantes. La realidad, en sí misma, no tiene un significado unívoco. Todo depende de la mirada con la cual es percibida, del «cristal» con el que decidimos mirarla: cambiando las lentes, también la realidad se nos presenta distinta. Entonces, ¿qué hacer para leer la realidad con «las lentes» adecuadas? 
Para los cristianos, las lentes que nos permiten descifrar la realidad no pueden ser otras que las de la buena noticia, partiendo de la «Buena Nueva» por excelencia: el «Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1). Con estas palabras comienza el evangelista Marcos su narración, anunciando la «buena noticia» que se refiere a Jesús, pero más que una información sobre Jesús, se trata de la buena noticia que es Jesús mismo. En efecto, leyendo las páginas del Evangelio se descubre que el título de la obra corresponde a su contenido y, sobre todo, que ese contenido es la persona misma de Jesús. 
Esta buena noticia, que es Jesús mismo, no es buena porque esté exenta de sufrimiento, sino porque contempla el sufrimiento en una perspectiva más amplia, como parte integrante de su amor por el Padre y por la humanidad. En Cristo, Dios se ha hecho solidario con cualquier situación humana, revelándonos que no estamos solos, porque tenemos un Padre que nunca olvida a sus hijos. «No temas, que yo estoy contigo» (Is 43,5): es la palabra consoladora de un Dios que se implica desde siempre en la historia de su pueblo. Con esta promesa: «estoy contigo», Dios asume, en su Hijo amado, toda nuestra debilidad hasta morir como nosotros. En Él también las tinieblas y la muerte se hacen lugar de comunión con la Luz y la Vida. Precisamente aquí, en el lugar donde la vida experimenta la amargura del fracaso, nace una esperanza al alcance de todos. Se trata de una esperanza que no defrauda ―porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5)― y que hace que la vida nueva brote como la planta que crece de la semilla enterrada. Bajo esta luz, cada nuevo drama que sucede en la historia del mundo se convierte también en el escenario para una posible buena noticia, desde el momento en que el amor logra encontrar siempre el camino de la proximidad y suscita corazones capaces de conmoverse, rostros capaces de no desmoronarse, manos listas para construir. 
La confianza en la semilla del Reino
Para iniciar a sus discípulos y a la multitud en esta mentalidad evangélica, y entregarles «las gafas» adecuadas con las que acercarse a la lógica del amor que muere y resucita, Jesús recurría a las parábolas, en las que el Reino de Dios se compara, a menudo, con la semilla que desata su fuerza vital justo cuando muere en la tierra (cf. Mc 4,1-34). Recurrir a imágenes y metáforas para comunicar la humilde potencia del Reino, no es un manera de restarle importancia y urgencia, sino una forma misericordiosa para dejar a quien escucha el «espacio» de libertad para acogerla y referirla incluso a sí mismo. Además, es el camino privilegiado para expresar la inmensa dignidad del misterio pascual, dejando que sean las imágenes ―más que los conceptos― las que comuniquen la paradójica belleza de la vida nueva en Cristo, donde las hostilidades y la cruz no impiden, sino que cumplen la salvación de Dios, donde la debilidad es más fuerte que toda potencia humana, donde el fracaso puede ser el preludio del cumplimiento más grande de todas las cosas en el amor. En efecto, así es como madura y se profundiza la esperanza del Reino de Dios: «Como un hombre que echa la semilla en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, la semilla brota y crece» (Mc 4,26-27). 
El Reino de Dios está ya entre nosotros, como una semilla oculta a una mirada superficial y cuyo crecimiento tiene lugar en el silencio. Quien tiene los ojos límpidos por la gracia del Espíritu Santo lo ve brotar y no deja que la cizaña, que siempre está presente, le robe la alegría del Reino. 
Los horizontes del Espíritu
La esperanza fundada sobre la buena noticia que es Jesús nos hace elevar la mirada y nos impulsa a contemplarlo en el marco litúrgico de la fiesta de la Ascensión. Aunque parece que el Señor se aleja de nosotros, en realidad, se ensanchan los horizontes de la esperanza. En efecto, en Cristo, que eleva nuestra humanidad hasta el Cielo, cada hombre y cada mujer puede tener la plena libertad de «entrar en el santuario en virtud de la sangre de Jesús, por este camino nuevo y vivo, inaugurado por él para nosotros, a través del velo, es decir, de su propia carne» (Hb 10,19-20). Por medio de «la fuerza del Espíritu Santo» podemos ser «testigos» y comunicadores de una humanidad nueva, redimida, «hasta los confines de la tierra» (cf. Hb 1,7-8). 
La confianza en la semilla del Reino de Dios y en la lógica de la Pascua configura también nuestra manera de comunicar. Esa confianza nos hace capaces de trabajar ―en las múltiples formas en que se lleva a cabo hoy la comunicación― con la convicción de que es posible descubrir e iluminar la buena noticia presente en la realidad de cada historia y en el rostro de cada persona. 
Quien se deja guiar con fe por el Espíritu Santo es capaz de discernir en cada acontecimiento lo que ocurre entre Dios y la humanidad, reconociendo cómo él mismo, en el escenario dramático de este mundo, está tejiendo la trama de una historia de salvación. El hilo con el que se teje esta historia sacra es la esperanza y su tejedor no es otro que el Espíritu Consolador. La esperanza es la más humilde de las virtudes, porque permanece escondida en los pliegues de la vida, pero es similar a la levadura que hace fermentar toda la masa. Nosotros la alimentamos leyendo de nuevo la Buena Nueva, ese Evangelio que ha sido muchas veces «reeditado» en las vidas de los santos, hombres y mujeres convertidos en iconos del amor de Dios. También hoy el Espíritu siembra en nosotros el deseo del Reino, a través de muchos «canales» vivientes, a través de las personas que se dejan conducir por la Buena Nueva en medio del drama de la historia, y son como faros en la oscuridad de este mundo, que iluminan el camino y abren nuevos senderos de confianza y esperanza. 
Vaticano, 24 de enero de 2017 
Francisco

Del Río por Guyot en La Nación

Guyot preside la recepción a la comisión corporativa del Consejo Profesional de Relaciones Públicas a la nueva redacción del diario en Vicente López

Trascendió en el diario La Nación, por una nota que remitió el CEO Guillermo Rivaben a los redactores, que José Del Río reemplazará a Chani Guyot en la Secretaría General de Redacción.
Explica que Guyot decidió que se dedicará a otros proyectos personales.
"Lamentamos la pérdida en el futuro de sus aportes estratégicos, de su capacidad profesional y humana para nuestro equipo, pero entendemos y respetamos su decisión, que significa un valiente desafío para su futuro profesional", afirma Rivaben en su carta, y anuncia que "a partir de su retiro, el 1ro. de agosto de 2017, asumirá José Del Río, actualmente Adscripto a la Secretaría General de Redacción.
"José lleva 24 años especializado en el periodismo económico y de negocios. Estudió periodismo en la Universidad Católica Argentina y realizó un posgrado en periodismo gráfico y otro en finanzas avanzadas en la misma universidad. Es también Licenciado en Administración de Empresas por la UBA y actualmente cursa su doctorado en administración de empresas en la UCA. Se incorporó a La Nación en diciembre del 2014, habiendo desarrollado anteriormente una extensa experiencia como director periodístico del grupo de revistas y director adjunto en El Cronista Comercial en sus distintas plataformas. En La Nación, José renovó todos los productos periodísticos vinculados a la Economía, lideró los equipos multiplataforma de la misma área, desarrolló los contenidos de la nueva división de Eventos, y participa como conductor de dos programas en LN+.
Culmina agradeciendo a Chani por su trabajo y a desearle éxito a José en sus nuevas responsabilidades, a lo que este blog adhiere y suscribe en ambos conceptos.+

La comunicación de Francisco

La comunicación del mensaje evangélico es una de las especialidades más difíciles de abordar. Desde que soy chico escucho desaciertos sobre la materia. Eso que nací con el Concilio Vaticano II, que ya entonces (1965) evidenciaba una profunda preocupación al respecto.
Con la llegada de Juan Pablo II hubo una primera aproximación a la necesaria reconciliación de la máxima figura de la Iglesia con la audiencia masiva global. Karol Wojtila era muy carismático y supo presentar el dogmático discurso de su ghost writer Joseph Ratzinger a la opinión pública. Algo que el propio papa alemán no pudo ni supo hacer al convertirse en Benedicto XVI. Pero que Francisco supo retomar.
Cabe aclarar que, a mi juicio, ninguno de los papas que sucedieron a aquel Concilio vulneraron la ortodoxia. Tampoco lo hace Francisco aunque, como buen jesuita, le gusta jugar al fleje.
La gran dificultad que se experimenta al intentar evangelizar masivamente es, justamente, la pérdida de la individualidad, del contacto personal que permite transmitir el testimonio de una vida plena y felíz por la elección del Camino del Calvario de la entrega a los demás y la negación de sí mismo. Eso no se puede expresar fácilmente con palabras ni con imágenes: hay que experimentarlo.

El método comunicacional de Jorge Bergoglio hace eje en la ternura. Por eso es exitoso. No es un gran cultor de las reglas de la comunicación institucional estratégica, sino que se las arregla para transmitir mensajes personales de compromiso con los más necesitados, orientado a la trascendencia divina.
Ciertmente, lo hace por los medios masivos, mediante imágenes y palabras. Pero haciendo eje en la transmisión de los gestos que consagran algunos valores.
Esto fue lo que Pablo S. Otero nos contaba ayer en el diario La Prensa que se trató en el Primer Congreso sobre Comunicaciones de la Secretaria Pro Communicatione de la Santa Sede realizado días atrás en Madrid y que condujo su titular, Lucio Adrián Ruíz, que reveló que "el Papa da importancia al proceso profesional y organizativo de la comunicación".
Los cambios se iniciaron con su consagración papal, al ordenar la unificación de los nueve organismos ocupados de comunicar la acción eclesial en el Vaticano en la referida Secretaría.
El estilo comunicativo del Santo Padre fue resumido en cinco puntos: la proximidad, la búsqueda del encuentro, la gratuidad, la misericordia y la esperanza, que resumen el método fundamental de la ternura.
"Evangelizar en las redes no se trata de compartir fotos bonitas de los gestos del Papa con un mensaje; sino de vivir cada uno esa ternura que él refleja", aclaró Ruíz, y llamó a realizar un ejercicio personal, un examen de conciencia, que pueda conducir al hombre a la coherencia entre la Fe que profesamos y la conducta diaria, y sobre todo, la influencia de Dios en cada uno, que se descubre en la oración.

La fuente de esta información es un elemento interesante a analizar. La Prensa es tal vez el único diario católico confesional de orden nacional o capitalino, en donde tales principios no quedan relegados a la página editorial sino que empapan el punto de vista -siempre presente en la labor periodística- desde el que se aborda la realidad.
Es uno de los pocos que creen que el mensaje de la Iglesia puede ser noticia aún cuando no signifique un cambio en el protocolo, en la tradición o en la doctrina.
Pablo S. Otero tiene allí una columna sabatina sobre Razón y Fe, que me ha hecho descubrir muchas joyitas como ésta.+

el colapso

El colapso de Whats App de ayer, durante dos horas, no sólo fue noticia a nivel mundial sino que es motivo de reflexión estratégica.
La cambiante preferencia de aplicaciones por parte de los usuarios globales no solamente es norma, sino que se ha acelerado. Uno casi ya ni se acuerda de los motivos por los cuales fue entrando y saliendo de redes que hoy tal vez ya ni existen, como Y Hi5, los chicos en fotolog y tantas otras cuyo nombre ya ni se recuerdan. Lo que es definitivo es que vivimos en un mundo que se conecta a la manera de las redes sociales, sean cuales fueren las que terminen por imponerse en el futuro más o menos próximo.
Ya no se trata de cuestiones tecnológicas, como cuando el télex fue reemplazado por el fax y éste por el modem. En la actualidad, vemos cómo se van adaptando los gustos y comodidades a cuestiones de formatos. Pareciera ser que el proceso de avance tecnológico empieza a encontrar un nuevo piso.
Por eso pienso que lo de ayer es muy importante. Porque el Whats App se iba tornando masivo y totalizante, perdiendo su carácter de urgente. La mansajería instantánea empezaba a reemplazar al correo electrónico y había que empezar a explorar nuevos medios para abordar la emeregencia. Personalmente, hacía una o dos semanas que había vuelto a instalar Telegram en mi teléfono. El volumen de mi wapp es tal que se ha vuelto imposible dar trato urgente a todos esos mensajes, con lo que muchos quedan automáticamente en el olvido.
La correspondencia tradicional, que ha migrado al formato virtual, tiene aplicaciones como el InBox de Gmail, que permiten un maravilloso tratamiento de la correspondencia, como se decía otrora.
Para un profesional de la comunicación puede ser muy peligroso el desorden en materia de administración de mensajes.
Entonces, ¿qué vamos a hacer con una app que pretende desplazar el correo electrónico por una mensajería instantánea?
En lo que a mí respecta, por ahora no me voy a bajar de wapp, pero seguramente empezaré a dar tratamiento preferencial a la mensajería de gmail (Hangout), SMS o Telegram, para la urgencia y a desplazar a wapp al lugar de red social de contenidos que paulatinamente va intentando ocupar. Pero se superpone con Facebook, se su mismo dueño, que es muy superior en materia de entretenimiento e información, y muy inferior a twitter en esa materia.
Whats App se tornó en uno de los tantos mecanismos de aceleración de la cotidianeidad que alteran nuestra vida en forma nociva.
Los chats de grupos son de gran utilidad, al punto de hacerlo irremplazable, al momento.
Pero sería ideal manejarse con menos aplicaciones y que lo ayuden a uno a vivir en paz con uno mismo, con los demás y, en un entorno natural y trascendente, con Dios.+

Una nueva etapa profesional

Luego de seis años de trabajo en Nidera (una de las experiencias más extensas en mi trayectoria), he conseguido que Cofco me contrate com...