martes, 4 de febrero de 2014

Etica del Cocktail


Urgando en la mesa de las empanadas, en la recepción para las nuevas familias del Colegio, un padre me dice:
- ¿...y vos, a qué te dedicás?
- A las relaciones públicas.
- Ah... debés estar todo el tiempo en cocktails...
- Tanto como puedo -respondo, desafiante-; mido cada invitación con rigor milimétrico. Hay que ver quién invita, los presuntos asistentes, el lugar... Estas son ocasiones excepcionales para hacer lobby.
- ¿Lobby? ¿en un cocktail? ¿qué tiene que ver?
- Por definición terminológica, el lobby tiene que ver con un encuentro furtivo y esporádico, superficial, que se produce por una coincidencia natural en un momento y lugar determinados.
El compadre, que ahora siente que lo están cargando, desvía la mirada hacia el resto de los contertulios rogando pescar algo interesante o divertido que lo salve de esta conversación ridícula y odiosa, pero se topa con un grupo de madres producidas para manifestar su alcurnia, belleza y, por carácter hereditario, la de sus hijas.
- ¿Pero vos te referís al lobby, a la política?, retoma distraído.
- Claro que sí. Uno elije una serie de actividades en las que participar, de modo de situarse en un circuito propio de aquellos con los que quiere toparse. Si quiere hacer lobby político, elegirá lugares que le son propios a la política, o concurrirá a almorzar a los restaurantes cercanos al Congreso para toparse con legisladores, etc. Pero si uno se topara con un político de su interés en un ámbito como éste, que significa una coincidencia no solamente personal sino que familiar y hasta ideológico, se evita un trabajo de mucho tiempo y dedicación, de búsqueda de puntos comunes, de coincidencias.
- Nunca lo había pensado desde ese punto de vista...
En el momento en que decía estas palabras, la maestra de ceremonias anunció que la directora se dirigiría a los padres.
- Fijate en lo que vaya a decir, porque es probable que estas palabras hayan tenido varios días de preparación y que toda esta reunión tal vez haya sido prevista para fijar normas de convivencia que van a ser enumeradas tácitamente, con estudiada displicencia.
Por encima del hombro de mi contertulio pude ver a mi mujer convocándome mediante el lenguaje de las señas.
- Voy a aprovechar, antes de empiece el discurso, para ir donde la patronal. Un gusto...
Y, estrechándome la mano, se presenta: Callejas.
- Ah! ¿qué sos del senador?
- Yo soy el senador.
- No te puedo creer. Justo necesitaba juntarme unos minutos con vos para presentarte algunas ideas respecto de un proyecto que estás impulsando. ¿Tendrás un ratito la semana que viene para vernos?
- Por supuesto -extendiendo la tarjeta, agrega: llamame y nos vemos.+

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