domingo, 15 de septiembre de 2013

Juan Pueblo



El jueves estuve en la Universidad Austral para dictar una clase en el Posgrado de Comunicación Social. Hablé del Consejo RRPP y dicté la cátedra abierta sobre el diálogo, tal como acordamos con el Circulo Dircom y la división de Institucionales de IDEA que sería nuestra preocupación para este tiempo.
De la charla surgieron reflexiones sobre las nuevas formas de hacer política y otras consideraciones que me trajeron a la mente esta maravillosa canción del uruguayo Jaime Roos, El Hombre de la Calle.
Roos tiene ideas políticas pero, diferencia de su compatriota Alfredo Zitarrosa, prima el hecho de ser un cantor popular. En Zitarrosa se ve una vocación de instruir a la vanguardia proletaria rural, por más que también haya sido de hecho sumamemente popular y que haya sido igualmente su aspiración.
Lo que me interesa destacar es el enojo de Roos con el hombre común -el hombre de la calle-, que es mayoritariamente su público. Evidencia rabia ante su falta de compromiso y ante la despreocupación de lo que sucede en la sociedad y en el mundo. No estropean este maravilloso himno; al contrario, lo embellecen hasta la emoción.
Componerla pudo haber sido genial, pero es hasta natural en un artista de su nivel; pero grabarla y difundirla, un encomiable acto de coraje y renunciamiento.+

El hombre de la calle
Atraviesa el temporal.
Porfiado, de sombrero,
Encorvado al caminar.

Se para frente a un quiosco,
Lo distrae un titular,
y sigue como siempre
como todo en la ciudad.
                     
No me hablen mas de él,
no me hablen mas por él,
que yo lo veo en cada esquina
y lo escucho en el café.

El hombre de la calle
dice no te aguanto más,
y en medio del discurso
corre bruscamente el dial.

El sabe que a ese hombre
nunca lo vera en su hogar,
ni el vino, ni la mesa,
junto a él compartirá.

El hombre de la calle
sigue yendo a trabajar.
Porfiado, de sombrero,
más allá de un temporal.

A veces compra un diario;
se lo lleva para hojear
las fotos del partido
en la pagina de atrás.

No me hablen más de él,
No me hablen más por él,
que yo lo veo en cada esquina
y lo escucho en el café.+

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