domingo, 4 de agosto de 2013

¿Lo habrá querido decir?

Foto: ElUniversal.com.co
Evité pronunciarme sobre las declaraciones del Papa Francisco sobre el lobby hasta no leer textualmente las declaraciones que efectuó en el vuelo de regreso de la exitosa gira a Brasil por la Jornada Mundial de la Juventud, y que hoy aparecen transcriptas en el suplemento especial de Clarín.
Luego de pronunciarse sobre la cuestión de la homosexualidad, expresó: "Luego usted hablaba del lobby gay. Se escribe mucho del lobby gay. Todavía no me encontré con ninguno que me dé el carnet de identidad en el Vaticano donde lo diga. Dicen que los hay. Cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo? El Cateciscmo de la Iglesia Católica lo explica de forma muy bella. dice que no se deben marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esa tendencia. Debemos ser hermanos. El problema es hacer lobby de esta tendencia o lobby de los avaros, de los políticos, de los masones... Tantos lobbys. Este es el problema más grande".
Ahora si, es claro y explícito. Jorge Bergoglio tiene una postura prejuiciosa respecto del lobby, que sabemos que no está penado por la Iglesia y que está previsto en la Constitución Nacional cuando ratifica el derecho de todos los ciudadanos a "peticionar ante las autoridades".
Como dice Pedro Barcia hoy en el diario La Prensa, parecería que lo que Francisco critica es la manipulación. Al enumerar lobbys, Su Santidad menciona a cuatro que le parecen condenables: implícitamente, al lobby gay que lo acosa en el Vaticano; a la avaricia; a la masonería; a la corporación política... porque también sabemos que es muy elogioso de la actividad política, a la que refeire aristotélicamente como máxima expresión de la caridad; sin embargo, critica al lobby de los políticos. Suponemos que se refiere a una actitud corporativista u oligárquica de quienes tienen funciones públicas a su cargo.
No quisiera dramatizar acerca de una frase que se enmarca en una conferencia de prensa -un momento de natural tensión para un entrevistado poco afecto a las mismas- y en la que ponía más en juego las relaciones de poder vaticanas que el establecimiento de una doctrina sobre las relaciones públicas.
Sigo convencido de que el lobby, entendido como una herramienta de trabajo de las relaciones institucionales para lograr semblantear o para sensibilizar a un actor influyente respecto de un asunto público, es algo bueno. Aún para el Papa Francisco, a quien sería mejor preguntarle puntualmente sobre esta materia antes de hacer una exégesis sobre una declaración que parece haber sido improvisada.+

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