miércoles, 1 de mayo de 2013

Felicidad en el Trabajo

Aprovecho este recreativo Día del Trabajo para hacer algunas reflexiones sobre esto que suele tomarnos más o menos un tercio de nuestras vidas.
Para hacerlo, busqué en el Magisterio y en los documentos de la Iglesia y encontré uno que por estos días cumple 31 años y que fue muy importante para los argentinos: Iglesia y Comunidad Nacional, producido en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, entre el 4 y el 9 de mayo de 1981.
Lo primero que hacen los obispos es recordar que el hombre es "el fundamento, el sujeto y el fin de la economía".
"Si bien el trabajo es un instrumento productivo, un integrante indispensable para que la tierra sea para el hombre y se aproveche en todas sus potencialidades, es también, y sobre todo, un integrante de la estructura personal del hombre (...). El hombre necesita trabajar porque si no lo hace no es feliz" para luego aclarar que el trabajo "no es un fin en sí mismo. Por eso hace más plenamente feliz al hombre cuando se llena de espíritu de servicio a los demás y de sentido de oblación a Dios".
Finalmente, hay una cita a un discurso del Papa Juan Pablo II del 30 de enero de 1979 en México en el que caracteriza un "concepto cristiano del trabajo" que funciona para cualquier oficio o profesión:
+ que se realice con una verdadera vocación de transformación del mundo;
+ que se haga con un espíritu de servicio y amor hacia los hermanos;
+ que ayude a la persona a realizarse a sí misma,
+ y que contribuya a la creciente humanización del mundo y de sus estructuras.
Me gusta pensar en el trabajo como una herramienta de transformación del mundo; ergo, como un instrumento de ejecución cultural que, bien desempeñado, puede tener mucho de artístico. porque de esa forma, maximizando nuestras capacidades, lo proyectamos en favor del bien común y nos elevamos nosotros, de alguna manera también, a la santidad.
A los trabajadores, entonces, les deseo mucha felicidad.+

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