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Memoriosos

Hacía muchos años que no leía nada sobre los 70. Me parecía que se estaba desvirtuando la objetividad. La indemnidad de la violencia subversiva me hizo perder el interés con el que durante los 80 y 90 leí sobre ese tiempo, de parte de sus protagonistas, de periodistas e historiadores.
La existencia de una corrección política marcó un index del cual no se pudo salir sin entrar en una zona de riesgo. De hecho, lo que se escribía desde otras voces avalaban la violencia del Estado sin miramientos. Hasta que los libros de Juan Bautista Yofre presentaron con una mirada peronista y una técnica periodística lo que se había perdido a los ojos de la opinión pública. Leí poco de lo que él escribió, pero me gustó. Como me gusta Marcelo Bonasso cuando escribe de ese tiempo. O Ceferino Reato. Escriben bien y cuentan cosas, sin perder la debida perspectiva.
Fueron apareciendo nuevos testimonios. En los últimos dos meses leí tres libros de memorias de un general, un periodista y un político.
Empecé con Disposición Final, de Reato. Es una suerte de declaración pública de Jorge Rafael Videla. Pero no se queda ahí. Hace una recopilación de hechos y de testimonios de esos años de plomo.
Seguí con La Culpa la Tuve Yo, de Héctor Ricardo García. Dado que recapitula toda su vida profesional, es una suerte de autobiografía del fundador de Crónica.
Concluí con Militancia Sin Tiempo - Mi Vida en el Peronismo, de Antonio Cafiero, que fue el que más me gustó de los tres. Me movilizó. Su explícita intención de motivar a la militancia en mí lo logró con creces.
El cruzamiento de los datos arrojados por estos tres autores, sumados a viejas lecturas ya olvidadas, me brindaron nuevas reflexiones sobre aquél momento.
Por ejemplo, la caracterización del gobierno de Isabelita como un gobierno de derecha. Lo que había empezado a leer en El Escarmiento, del Tata Yofre, se cristaliza en esta serie de lecturas. Es cierto que lo esotérico y escatológico de López Rega y su banda desdibuja el catolicismo propio de la derecha argentina. Así como también el hecho de haber quedado enfrentado con las Fuerzas Armadas. Pero el anticomunismo, la violencia estatal, la alianza estratégica con el sindicalismo y la masonería, lo sitúan allí.
Esas confusiones también recaen sobre la figura de la presidente María Estela Martínez. De chico la entendía como una persona de carácter débil y vulnerable, aunque caprichosa. Los testimonios de los tres protagonistas mencionados lo desmienten y la presentan como una persona de firme carácter. Héctor Ricardo García afirma que Isabelita enfrentó, pistola en mano -que llevaba escondida en su cartera-, a sus captores en el helicóptero en aquella fatídica jornada del golpe.
Asimismo, nunca entendí lo sucedido tras la salida del brujo. El avance del sindicalismo y el papel de Julio González, son una clave para comprender ese tiempo. También la aparición de Italo Luder como una imposición, según Cafiero, o la sospechada pertenencia a la masonería de Angel Robledo.
Son muchas anécdotas y las reflexiones que vale la pena en estos libros, todos ellos de recomendada lectura.+

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