Adiós, Rosita!

Rosita en su lugar de trabajo
La partida inesperada produce un vacío que, cuando se trata de una persona amable y generosa, se convierte en pena.
Rosa Pedace fue un todoterreno del Consejo Profesional de Relaciones Públicas de la República Argentina durante muchísimos años; al menos, desde que conozco el Consejo. Era la memoria portátil de las últimas décadas de la institución. Pero una persona muy sensible que se involucró tanto con la entidad como con las personas que la constituyeron en el devenir del tiempo.
Durante algún tiempo podría decirse que ella fue el sustrato mismo de la organización.
Cada vez que voy al Consejo espero verla, por más que hace unos años que se retiró.
Como homenaje a ella, a quien muchos profesionales trataron, voy a copiar el comunicado del Consejo que incluye las palabras de despedida de Gustavo Pedace, un expresidente muy comprometido con la profesión y particularmente con el Consejo:

Con mucha tristeza comunicamos el fallecimiento de nuestra querida "Rosita", Rosa Pedace, quien desempeñó un vital rol en la historia del Consejo Profesional de Relaciones Públicas durante 23 años. 

Compartimos un texto de despedida realizado por nuestro ex Presidente Gustavo Pedace:

Despedirte Rosa es despedirnos de una parte importante de nuestros años felices. Esos en los que no nos alcanzaba con trabajar, estudiar, subir de a tres los peldaños, cuando nos picó la vocación de además darle horas a trabajar por los colegas. 

Y vos que ya estabas ahí, nos hiciste sentir a todos a gusto, como para poder dar lo mejor de cada uno.

Y vos que seguiste estando.

Y que te alegraste con cada paso que dimos en conjunto, y también te alegraste con cada logro de cada uno de nosotros en su vida.

Cuando tuvimos hijos, cuando nos tocó cambiar de trabajo, cuando nos íbamos recibiendo.

Como una testigo cautelosa de nuestras vidas, estabas ahí alegrándote con nosotros o sufriendo cuando tocaba.

No nos contamos demasiadas cosas, aunque supimos enseguida del amor incondicional de tus sobrinos y de las cosas que querías hacer en la vida, como tu viaje a Italia.

Nosotros, creo, estuvimos a tu lado a nuestra manera, con esa mezquindad de tiempo de la que siempre nos arrepentimos, pero con un cariño enorme.

Que se despertó por estos días cuando nos enteramos que estabas pasando por este trance.

Cuando la visite hace un par de semanas, en 15 minutos la vi tan irónica en sus comentarios como siempre, tan lúcida como siempre, y tan cariñosa.

Coqueta, se preocupó porque la veía en la cama y en camisón.

No sabía que ese beso iba a ser el último.

Como seguro que ninguno de los que están acá sospecharon que el de cada uno lo fue.

Pero no hay reproche alguno, cada minuto fue bueno, porque fuiste buena con todos.

Que el Señor te reciba en su hogar Rosa.

Despedirán a Rosa Pedace el día de hoy entre las 14 y las 21 hs. en Casa Barberis (Quito 3779, CABA). Sus restos serán inhumados mañana a partir de las 9hs en el Cementerio de la Chacarita.+

La resistencia artística

William Turner (1775-1851) se dio una vuelta por el siglo XXI y lo hizo justo en el Museo Nacional de Bellas Artes en la ciudad de Buenos Aires, a través de 85 acuarelas pertenecientes a la Tate Collection.
La exhibición del pintor preimpresionista inglés incluye obras de sus inicios -a fines del siglo XVIII-, su producción como artista viajero -en plena restauración monárquica, desde 1815 al 30-, experimentaciones de luz y color así como los trabajos de su madurez artística -que van hasta 1840-, y las tormentas y naufragios, realizados en sus visitas al norte de Francia, en 1845.
Lo que más me impresionó fue la cantidad de viajes que financió con su trabajo. Con sus lápices y cuadernos reflejaba in situ los primeros bocetos. En general, partía con su futura producción vendida
Fue testigo directo de la Revolución Industrial, la que dejó retratada en la presencia de trenes, barcos, puentes, edificaciones y multitudes. Sin embargo, a través de la presencia activa de las brumas, el agua y la luminosidad, las hace defeccionar en favor de la naturaleza, a la que impone con todo su esplendor. Turner actúa como parte de una resistencia cultural a la contaminación visual.
Tuve la suerte de caer un martes cuando, para más beneficios, el ingreso es libre y no hay que pagar los escasos cien pesos que cuesta la entrada. Es evidente que el apoyo de la Secretaría de Cultura, la asociación de amigos del MNBA y el auspicio del Banco Galicia, la Fundación Medifé y Knauf Argentina han costeado prácticamente todo el esfuerzo económico. 
Si bien esta muestra estará expuesta hasta el 17 de febrero, de martes a domingo de 11 a 20 (el fin de semana abre una hora antes), recomendamos se proactivos y acudir cuánto antes.+

Una forma de vivir

Me encantó el chiste de Liniers de hoy, porque viene a plantear una linda manera de vivir la vida; como una aventura, como un juego.
Con la mira bien alta, como dice hoy Mario Pergolini en la Nación: "Podemos hacer lo que queremos, pero (para lograrlo) hay que ser el mejor".+

Noche salteña



El Jockey Club celebró ayer la Noche Salteña, luego de firmar un convenio con el Club 20 de febrero de esa linda ciudad. De esta manera se concretó el mutuo reconocimiento de una enorme similitud y familiaridad entre ambas entidades.
Los dos clubes son defensores de los valores tradicionales y tienen una idéntica situación social. De hecho, muchos salteños que viven en Buenos Aires son socios de ambos clubes, y viceversa.
Creo que es la primera vez que veo toda la planta baja de Alvear con mesas en todos los salones; más aún, unas 200 personas quedaron en lista de espera. Esto demuestra que la institución club no está perimida, sino que exige ser repotenciada.
El acto fue sencillo: hablaron los dos presidentes, el porteño Miguel Crotto Sojo y el norteño Ignacio Frías García Pinto, y cantó Facundo Saravia, el joven Chalchalero. Tuve el privilegio de sentarme en una de las mesas vecinas a la que ocupaban los Saravia, con la honorable presencia del legendario Juan Carlos, padre del cantor de la noche.
En las mesas, el Jockey homenajeó a los salteños con la reedición de la publicación de la conferencia que dictó el poeta Juan Carlos Dávalos en la vieja sede de Florida, el 6 de agosto de 1921, y que lo terminara de lanzar al estrellato. La belleza y profundidad de ese texto está tan vigente como entonces, a casi un siglo de pronunciada. Los hombres de Güemes donaron un Cristo del Milagro, tan lindo y radiante como el espíritu que reinaba en el salón Comedor.
Además de haber disfrutado de pasar el rato con amigos y parientes y de haber degustado un maravilloso menú, para mí fue una gran satisfacción ya que empujé este convenio desde que logramos un equipo que los representara en el Torneo de Fútbol 25 de Mayo, en mis tiempos de presidente del Campo de Deportes, allá por 2015/16.+)

Algunas pautas mediáticas



La semana pasada estuve invitado a la Fundación Nuevas Generaciones para dar el módulo de Comunicación a los estudiantes de un ciclo de formación de jóvenes políticos.
Como es habitual, hice foco en la necesidad de comprender el fenómeno de la comunicación, que a mi juicio empieza por el conocimiento pleno del emisor, del receptor, y del contexto; de la necesidad de que los mensajes sean claros, sencillos y directos y de la comprensión de la contaminación que puede producir la vehiculización de de los mismos a través de los medios, por lo que deben elegirse con especial cuidado para no desvirtuar su significado. No obstante, el foco pasa por la estrategia de comunicación, cuya elaboración merece un párrafo aparte.
Pero lo que quisiera volcar aquí son algunas pautas para el manejo de los medios:
+ Antes de hablar, hay que tener definido un discurso; en lo posible, plenamente redactado.
+ Considerar las preguntas posibles y las correspondientes mejores respuestas, también por escrito.
+ Pero que hay que evitar repetir de memoria; la expresión debe ser libre, de modo de transmitir espontaneidad, naturalidad.
+ Evitar siempre los lugares comunes y la corrección política, que no comunican nada.
+ Revisar nuestro lenguaje no verbal: posturas, caras, vestuario y nuestra ubicación en el escenario.
+ Mantener una actitud proactiva y transparente; evitar las negaciones ni las reacciones negativas.
+ Evitar volver atrás para aclarar. La aclaración suele oscurecer, por el sólo hecho de necesitarla.
+ Hablar en títulos para evitar la descontextualización.
+ Salvo que se trate de profesionales de la prensa, evitar el off the record, aún en off the record.
+ Ajustar las respuestas a la pregunta y no abundar ni ir más allá, excepto cuando lo que nos preguntan no nos conviene, no nos favorece o no nos interesa; en tal caso, priorizar lo que queremos comunicar y buscar la forma de desplazar la respuesta hacia ese campo.
+ Estar confiado en sí mismo, pero evitar cancherear, como Caballero en el Mundial.

Salgamos, caminemos y disfrutemos

Lo que engorda no es el azúcar sino el sedentarismo

La Argentina debería medir la adhesión a este tipo de modas inducidas por campañas sin mayor sustento científico.


Azúcar: buena o mala. Esa es la cuestión




Por HERNÁN MAURETTE, para Clarín,17.09.2018

Ha calado hondo en la Argentina, país riquísimo en recursos naturales y producción de alimentos, una campaña de demonización de productos que nos nutren, alimentan y también “nos dan de comer”.
La Argentina debería medir la adhesión a este tipo de modas pasajeras inducidas por campañas que, sin mayor sustento científico, tienden a desalentar el consumo de productos de la naturaleza que hasta hace poco se nos recomendaba en la dieta alimenticia: lácteos, carnes, cereales y, ahora también, el azúcar.

Es cierto que la civilización avanza a pasos largos pero la inocuidad de algunos supuestos avances de la ciencia aún no ha sido totalmente establecida. Ciertas alarmas difundidas con pretendido rigor científico tienen, en verdad, origen en el desconocimiento; muchas se derivan del veloz éxodo del campo a la ciudad. El ser humano, que tiende a rechazar lo que no conoce, ha ido perdiendo el contacto con la naturaleza. Así se fue acomodando al confort urbanístico al punto de despegarse tanto de la naturaleza que, por su bajo nivel de defensas, muchos ya no resisten la exposición al natural.


¿Azúcar o edulcorante?


Pero quien conozca el proceso de producción del azúcar no puede dudar de sus bondades. Consumirla es absorber la energía del sol captada por las hojas de la caña y, mediante un proceso simple, convertida en cristales que al mezclarse con otros alimentos los endulza, los conserva, los moldea, les brinda una consistencia única y, al mejorar su sabor, se convierte también en vector de nutrientes que de otra manera serían rechazados. El azúcar es fundamental en la infancia, mientras la persona va formando su cerebro; el 20 % de la energía consumida sirve para su desarrollo.

La FAO afirma que la obesidad deriva del desequilibrio entre la ingesta calórica y el consumo energético. Decir, entonces, que el azúcar engorda es un sofisma. Engordamos nosotros si no comemos en forma adecuada a nuestra actividad, tanto en cantidad como en la variedad. Es obvio, entonces, que quien hace vida sedentaria o sufre de ansiedad debería limitar las calorías que ingiere. Y aún si se privara del azúcar debería alimentarse con moderación, porque siempre estaría expuesto al riesgo cardiovascular o de diabetes. El mayor problema de esa persona es el sedentarismo. La situación está contemplada en las nuevas tendencias urbanísticas que favorecen el desplazamiento pedestre y abren más espacios verdes. La Ciudad de Buenos Aires es un ejemplo virtuoso al respecto

Sin embargo, el ministro de Salud insiste con la simplificación del chivo expiatorio y procura asustar a los consumidores de los productos que ofrece nuestro suelo y que dan trabajo a los argentinos. El doctor Rubinstein, fascinado con las nuevas olas globalizantes, afirmó en el programa de Mirtha Legrand que la Argentina es el país donde se consume más azúcar cuando, por el contrario, es uno de los países con nivel de ingresos medios que menos lo hace. Dejemos de agitar fantasmas. La población necesita moverse más y tener una dieta variada y adecuada a su consumo energético. Es cierto que esto no está al alcance de todos; que razones funcionales y hasta económicas pueden resultar limitantes en ese sentido.

Salgamos de las paredes del burgo, recorramos las praderas donde crecen nuestros alimentos y caminemos con quienes los producen y con los que los industrializan. Conozcámoslos, y a sus costumbres, sus familias, y disfrutemos de las recetas que caracterizaron a nuestro pueblo. Esta es nuestra receta: salgamos, caminemos y disfrutemos.

Hernán Maurette es presidente del Centro Azucarero Argentino

De osos y de osas



Cuando era hombre era más fácil: me ponía cualquier traje y un par de zapatos, y no me los cambiaba a lo largo de una semanas o dos como mínimo; cada día elegía una camisa y una corbata, nomás, y me cambiaba la ropa interior.
Ahora estamos como las mujeres: hay veces que me visto de una manera solamente para un día y al día siguiente ya cambio todo lo que llevo puesto.
La revolución sexual de los 60 tuvo impactos inesperados: en la mujer, que tuvieron que salir a realizarse con un segundo laburo, y en el hombre, que pasó a incorporarse al mercado de la moda y a ocuparse de menesteres que antes ocupaban sólo unos pocos minutos de atención.
Pero durante algunas décadas, el impacto fue casi imperceptible para nosotros; se fueron evidenciando con el tiempo.
En 2002, por ejemplo, llegué al Edificio Libertador, como jefe de gabinete de la Secretaría de Asuntos Militares del Ministerio de Defensa. Me llamó muchísimo la atención la cantidad de hábitos que vestían los militares: venían de civil (los ochenta los había disuadido de mostrarse uniformados en la calle); al llegar, se vestían de fajina o de uniforme, según las actividades del día; para hacer deporte, se volvían a cambiar con ropa deportiva, obviamente, y si tenían una gala, lucían otro uniforme. Como hijo de familia numerosa eso me parecía un desafío de lavandería, tanta ropa diaria junta. Me impresionó y hasta me reía de ellos: "¡Parecen minas!", les decía, y ahora soy yo el que mariconea.
La corbata lo terminó por cambiar todo. Pensar que cuando iba a trabajar al diario -en el que ya no se usaba ni el traje ni la corbata-, no dudé en vestirme así; "siempre estás mejor con una corbata", me decía papá, y tenía razón. Usaba trajes demodé heredados de mi abuelo materno y con signos evidentes de uso en los muslos, entre otras marcas que un viejo puede aportar a un traje. Pero como soy el séptimo sólo podía elegir la ropa que los mayores ya habían desechado, así que me quedaron un traje marrón y un saco gris de tweed, al que había que hacer magia para combinarlo con alguna corbata y una camisa blanca limpia.
Durante los lustros que siguieron conocí la felicidad de vestirme simple y formal. Hasta que un día algunos cancheros empezaron a vestirse de sport durante los días de semana. No me preocupó lo más mínimo; son vagos, pensaba, ¿qué les puede costar vestirse formal? Es un lío andar pensando cada día cómo vestirse. Error: otro día caí en la cuenta de que casi todos vestían igual: camisa celeste y pantalón blanco, con nauticos o mocasines; en invierno apareció la ropa técnica de polar con cierre relámpago. No es para mí, sentencié para mis adentro; ¿cómo me voy a presentar así ante una autoridad. Además, uno no elige cuándo surgen las reuniones y ¿qué voy a decir: voy a mi casa, a 35 kilómetros, a cambiarme y vuelvo? Ridículo. Pude seguir vistiendo como mi Viejo, con algunas pequeñas variaciones.
Hasta que un día aparecieron de entre los formales los que portaban trajes sin corbata y algunos introdujeron la variante del elegante sport sin aquel ícono de masculinidad atado al cuello, lo que hacía de esa vestimenta algo muy razonable. Mientras las autoridades vistan formalmente, argumentaba para mí, uno debe estar vestido como ellos, ¿o es que acaso uno es más importante que sus interlocutores como para decidir qué vestimenta usar? ¡Somos servidores! Nos debemos a nuestros clientes institucionales.
Pero un día llegó el PRO a la Ciudad de Buenos Aires... y uno tampoco puede estar vestido más formalmente que su interlocutor; y otro día llegó Cambiemos al Gobierno Nacional, y empezamos a ver al Presidente variar su vestuario casi tanto como la Primera Dama.
Casi quedé knock out cuando llegaron las ropas formales más entalladas y ¿quién le dice a un clásico austero como yo que debe tirar su ropero y comprar otro, que no sabe cuánto tiempo va a durar?
La historia que sigue ustedes la conocen.
Para colmo, uno se va poniendo más grande y ya no es como antes que "todo te queda bien". Ahora uno tiene que manejar ciertos protocolos si quiere evitar el proceso de descarte profetizado por Francisco. Supervivencia pura.
¡Cómo han cambiado los tiempos! Cuando era chico, mamá nos decía: "¡No te mires al espejo! ¿Te diste cuenta de que tu padre solamente se mira en el espejo para afeitarse?". Muchas mujeres repetían otra consigna; decían que "el hombre es como el oso, cuanto más feo más hermoso". La coquetería era cosa de mujeres. ¡Qué tiempos aquellos, cuando todavía éramos hombres!

50 años almorzando

Prácticamente desde que nací escucho hablar de los almuerzos de Mirtha Legrand.
De hecho, los he visto numerosas veces a lo largo de los años, sea por sus invitados, por el horario central o por acompañar a alguien que se interesó en verlos.
Pero recién estos últimos años me interesé por tener una opinión al respecto. Al margen de la simpatía que pueda despertar en uno la conductora, es indiscutible la continuidad que alcanzó ese ciclo -no excento de problemas, como cualquier negocio en nuestro país-, con un razonable nivel de coherencia y alto grado de profesionalismo.
La variedad y oportunidad de los invitados; así como la intrepidez del cuestionario y la forma de interrogarlos, permiten al espectador abordar una temática variada alternando entre el picoteo y la profundización, y a ella fijar posición sobre los acontecimientos sociales más notorios.
Es imposible olvidar que se trata de una mujer de 92 años de edad, ya que no lo refleja en su dinámica de trabajo.
Por otra parte, es habitual que obtenga muy buenos ratings y que logre hacer emocionar, cuando el asunto tratado así lo exija.
Como entendimiento periodístico, ha tenido un éxito envidiable.
Aprovecho el 50 aniversario de ese programa, cumplido el 3 de junio último, para manifestar mi admiración por Mirta Legrand y su equipo de producción.+

El valor de la pérdida



Es habitual que valoremos las cosas cuando las perdimos.
El mayor héroe es el que murió. Tal vez suponemos un heroísmo final que no siempre existió o un borrado definitivo de las imprefecciones de una vida que, por ser humana, siempre es fallida. Es como un relato corrector sobre la hora final. Muchas otras veces se reconoce el mérito de alguien recién cuando renuncia. Es incomprensible la mezquindad de no hacerlo en vida del presunto héroe.
Los argentinos lamentamos la muerte de José de San Martín en el exilio, la de Manuel Belgrano en la pobreza o la de los 44 tripulantes del ARA San Juan que, a bordo del submarino, en la profunidad del Océano Atlántico, que demostraron la desatención del Estado Argentino a su instrumento militar en defensa del proyecto nacional revestidos de tragedia submarina.
Sergio Torrigiani es un suboficial principal que eligió servir a su Patria desde la fuerza naval. Su padre fue soldador multiple de montaje en la Victoria entrerriana natal y su madre cuidó con enorme entrega, cariño y dedicación a sus cuatro hijos. El mayor de ellos se animó a soñar con progresar, procurarse un futuro mejor, conocer el mundo y desarrollar todas sus capacidades. Fue lo que lo motivó a ingresar en la Armada. Un desafío nada fácil, que hizo que de los tres amigos que probaron suerte sólo subsista él.
Sergio se instaló en Mar del Plata, se casó y hace trece años tuvo un hijo que sufre de Síndrome de Asperger, una especie de autismo leve.
Hay a quienes les cuesta aceptar estas circunstancias y eso, sumado a las dificultades naturales de una vida alterada por las actividades marinas, terminó por destrozar a su familia.
Padre e hijo siempre fueron muy compañeros y compinches, tan necesitados estaban el uno del otro. Sergio sintió con Mateo esa felicidad que sólo un padre de un chico con ese tipo de dificultades puede alcanzar.
Desde que ingresó a la Marina, en 1984, Sergio sintió la discriminación que sufrió todo militar por el uso del uniforme, aún cuando su especialidad fuera la de cocinero.
Eso mismo fue lo que sintió al presentarse ante el juez de Familia de San Lorenzo, Marcelo Escola, que nunca quiso escucharlo ni a él ni a su hijo, de quien fue separado desde hace un año y medio. Todavía lo desgarra el recuerdo de los gritos y llantos de Mateo cuando fue separado de él por orden judicial.
De nada sirve el triste consuelo de que este juez tenga tantas denuncias en su contra. La prensa local es elocuente en ese sentido. Se habla de 2500 denuncias; él mismo le hizo tres, por prevaricato y abuso de autoridad. En cuanto logró trasladar el expediente a Mar del Plata se le interpuso una denuncia por violencia de género que congeló todo el proceso y extendió los plazos, mientras se investigue su pertinencia.
En medio de semejante zainete pidió abordar a su viejo submarino, con sus camaradas y sus antiguos alumnos. Pero momentos antes de embarcar pidió excusarse debido a que por un momento existió la posibilidad de reencontrarse con su hijo. La comprensión del comandante del ARA San Juan contrastó con la frialdad del Juez que, sin quererlo, le salvaría la vida para sumergirlo en un doloroso infierno, ya que ni pudo ver a su hijo ni pudo volver a reunirse con aquellos que se hundieron para siempre en las frías aguas del Mar Argentino.
Es la típica historia de un argentino que pudo haberse convertido en héroe, pero que quedó condenado a seguir recorriendo los Tribunales y a sufrir la arbitrariedad y el maltrato de la burocracia.+

Fair Play

Transcribo la gran columna de Carlos Roberts publicada ayer en la sección catalejo de la contratapa de La Nación
Adhiero totalmente a este concepto.+

Fairplay, 16 de julio de 2018 

Los jugadores franceses daban una suerte de vuelta olímpica para festejar el Mundial que acababan de ganar. Lo hacían agitando banderas de su país. Pero al pasar por donde estaban los hinchas de Croacia, bajaron las banderas y pidieron perdón. Minutos antes, en tiempo de descuento de la final, el croata Vrsaljko, que le había cometido una fuerte infracción a Griezmann, no se acercó al francés para gritarle "cagón, cagón", sino que lo abrazó y se disculpó. Los presidentes de los dos países entraron a la cancha, para la entrega de premios, tomados de la mano. Todo eso se llama fair play. Juego limpio. Deportividad. Por cierto, también hubo de lo otro. En la semifinal Croacia-Inglaterra (2-1), tras el segundo gol croata, mientras sus jugadores festejaban en una esquina, los ingleses sacaron del medio y llegaron hasta el área grande, obviamente sin oposición. El árbitro cortó la acción, una avivada grotesca que no se vio en la transmisión oficial. Los belgas empañaron su gran Mundial con injustas declaraciones contra el juego de la selección francesa, que los venció en la semifinal. Pero hay que quedarse con Vrsaljko tomando con sus manos la cabeza de Griezmann y pidiéndole perdón. Esa es la foto del fair play de Rusia 2018.

Una nueva etapa profesional

Luego de seis años de trabajo en Nidera (una de las experiencias más extensas en mi trayectoria), he conseguido que Cofco me contrate com...