En la luna


A medio siglo del alunizaje es difícil saber qué significará concretamente de cara al futuro este pequeño paso para un hombre y gran paso para la humanidad.
En lo inmediato, se trató de un sensible desarrollo tecnológico aeronáutico, pero con impacto en otras numerosas industrias.
La carrera armamentística fue parte de la Guerra Fría, entre el Este y el Occidente de la Cortina de Hierro.
En los últimos años volvió a tomar relieve, con el alunizaje de China en The Dark Side of the Moon, con el ensayo de India y con el anuncio francés de la creación de un Comando Militar Espacial. En la Argentina fuimos parte de ese capítulo con la reciente instalación de una base de observación espacial china en territorio argentino; en Neuquén, en Octubre de 2017.
No está del todo claro cuál es el motivo de esta reactivada vida aeroespacial. Lo cierto es que en la Tierra las cosas pedestres siguen condicionando la vida diaria de la gente. Unos días luego de que Emmanuel Macron anunciara lo del Comando Aeroespacial, el mismo 20 de julio también llamaba a un debate mucho más acuciante: la reconfiguración del sistema previsional.+)

#DeNoCreer

El Mosquito. Ejemplar del Archivo Celesia, del AGN

Es habitual que los candidatos saquen a relucir sus ideas o su biografía, o una autobiografía, en formato libro. Siempre hay una dimensión editorial de la campaña. Pero lo que pasó este año es notable.
Primero, porque Cristina Fernandez hizo de su libro el mascarón de proa de su campaña, al punto de utilizarlo como motivo de su lanzamiento. Haber ido a la Feria del Libro -a pesar de eso de los peronistas de que "alpargatas si, libros no"- fue una genialidad, porque hay un elemento de clase media ilustrada que es fanático de ella y que se iba a presentar allí en forma masiva y le permitió, al mismo tiempo, relativizar la exclusiva identificación de las clases populares.
Segundo, porque ella sabe que hablar y estar presente en la campaña le resultaría perjudicial para sus aspiraciones electorales. Pero, evidentemente, ella no podía callar sus argumentos contra todas las acusaciones que se le vendrían en su contra durante el curso de la campaña y este libro le permitió, de antemano, salir a pegar primero y luego callar y hasta desaparecer del escenario.
El tercer elemento de interés es que ella aseguró que fue Alberto Fernandez quien la incitó a publicarlo. A esta altura de las circunstancias uno podría poner en duda la inexistencia de un plan previo de la fórmula Fernández al cuadrado que luego se dio a conocer.
El éxito o el fracaso de estas decisiones las podremos juzgar recién con los resultados en la mano, pero a primera vista estas maniobras me resultaron ingeniosas y audaces.

Cristinamente
Esta explicación se circunscribiría exclusivamente al terreno político sino fuera por la aparición del libro de Carlos Reymundo Roberts. Cristinamente, a casi diez años de aparición de la columna que publica todos los sábados en el diario La Nación, resultó un canal más que adecuado para ridiculizar los esfuerzos de la ex Presidente, y hasta para pulsear por mantener la grieta en las librerías.
Carlos nos contaba esta semana, tras su presentación en el Campus del Jockey, que los libreros le aseguran que con Sinceramente se produce algo inédito. Uno de ellos, que tiene comercio en las Lomas de San Isidro, le aseguró que la semana pasada una  sola señora había llevado una caja de libros de una vez. El caso de compras militantes es algo tan insólito como inédito. No puedo callar que el primer nombre que se me vino en mente es el de Teresa García, vecina del centro comercial de Juan Segundo Fernandez.
Fallido, en cambio, fue el intento de Margarita Stolbizer que, a poco de haber bajado su candidatura, sacó a la venta Ella Miente, para responder a todas las explicaciones de Cristina en su libro pero -aunque permanece en vidrieras- no logra escalar en las ventas.

#DeNoCreer
Lo que es #DeNoCreer es que el libro de Cristina vaya primero en el segmento de la no ficción y el de Carlos en el de la ficción, siendo el primero quien lleva más libros vendidos en total. Esto es elocuente de un estado de atomización total y de una politización aún mayor.
Vale recordar que el irónico humor de la columna que La Nación publica semanalmente desde pleno kichnerato salió en forma simultánea o algo posterior a la que instauró Alejandro Borensztein en Clarín y reconstituyeron un exitoso género que se había ausentado en Buenos Aires desde que Juan Carlos Casas apagara los Dialoguitos en la City de David Hume. Al igual que la columna que Hitos publicaba en el Económico de los domingos, que abordaba irreverentemente las peripecias económicas a las que nos hemos visto sometidos los argentinos, estos columnistas contemporáneo lo hicieron con la institucionalidad.
Borensztein es y siempre fue un artista, un intelectual. En cambio, me impresiona ver a Carlos, a quien conozco desde hace más de treinta años, cuando era un redactor de la sección Gobierno del diario, transformado en un personaje del espectáculo, verlo en tele y dictar una conferencia en tono principalmente jocoso, aunque con un mensaje genuino.
Cuando no alcanzan los argumentos, hay que probar por otros caminos.+

En el SXIX los medios ya se tomaban la política en solfa

Palabras introductorias



Juan Miguel es contemporáneo mío. Lo conozco desde chico y puedo atestiguar que siempre ha tenido la misma pasión por nuestros principios y valores, y el mismo compromiso con los demás.
Peregrinamos en ámbitos dirigenciales por caminos paralelos –muchas veces coincidentes- pero siempre en la misma dirección: procurar un mayor involucramiento de la sociedad, en general, y de los jóvenes en particular, en la cosa pública.
Me deleité viendo cómo con su hermano Simón construyeron la Fundación Contemporánea. Me admira ahora ver el resultado de su trabajo diseminado en muy diversas dependencias de la función pública. Siempre digo que ya podemos expresar tranquilamente que la Fundación Contemporánea, que hoy preside, ha incidido en la formación de la dirigencia política del futuro. Sus jóvenes frutos ya ocupan posiciones de poder.
Pude comprobar su pulsión empresarial. Si bien él es arquitecto y yo politólogo, compartimos militancia en la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), que promueve como modelo la figura Enrique Shaw, un empresario que está en el proceso de santidad. Lo que Shaw promovió en Rigolleau, los Bestani lo procuraron en Inca y mi padre lo instituyó en la constructora entre sus muchos obreros.
En última instancia, el desvelo de Juan Miguel fue y es la construcción social y política en favor del bien común. Pero estas frases, que suenan a hueco, tienen en Juan Miguel otra sonoridad que es la que ofrece la palmada: ese suave golpe que hace la palma contra el hombro del hermano, del amigo; ese acompañamiento fraterno, ese encuentro que puede ser áspero y señal de vitalidad.
En esa línea se enmarca este libro. Me preguntó si recomendaría su lectura y le respondí sin dudarlo que sí, porque tengo gente que me adeuda dinero y a otros, a los que les guardo rencor, jeje... Fuera de broma, creo que este libro es un magnífico trabajo de síntesis de las creencias y de los elementos que constituyen la Fe que practicamos a diario. Es una palabra viva y novedosa que ofrece una nueva Vida. Es un privilegio poder expresarlo con la solvencia que lo hace y que denota una gran formación que no muchos han tenido.
En este tiempo difícil y contradictorio que nos toca vivir y que prácticamente nos obliga a la santidad, el libro de Juan Miguel es una agradabilísima hoja de ruta. Vayamos a Lumen y emprendamos el camino.+


El discurso de Alberto

Ingenio La Florida, Tucumán
Antenoche estuve en el Sheraton Hotel de San Miguel del Tucumán para participar de una comida organizada por el gobernador Juan Manzur para juntar a empresarios, académicos y periodistas de la provincia con el candidato presidencial Alberto Fernández.
De sus maneras me llamaron la atención su educación y amabilidad, tanto en sus gestos como en sus expresiones, y su versatilidad, ya que incorporó mensajes que había escuchado unos momentos antes y durante el mismo día con total espontaneidad.
Respecto del contenido de su discurso criticó a Cristina por haber dejado dos problemas, la de la inflación y la del déficit fiscal, para poder ganar en credibilidad al criticar al actual gobierno por haberlos duplicado, y agregó que se agregó un nuevo problema: la deuda; asimismo, se quejó de que el FMI haya permitido aumentarla, aunque mantuvo el equilibrio al  manifestarse en favor de "cumplir con nuestros compromisos con el exterior". Criticó dura y repetidamente al Gobierno por mentir y por improvisar y, sobre este punto, recalcó: ¿y así quieren ingresar a la OCDE?
El mensaje cerró con un fuerte llamado de esperanza para la producción, particularmente a las pymes, a quienes aseguró que ofrecerá su mayor preocupación, pero también al conocimiento aplicado en tecnología y ciencia, como herramientas del futuro de las naciones.
Recién al final hubo alguna referencia a lo social, a que no haya más chicos con hambre.
Fue un discurso sofisticado y muy apoyado en su gestión como jefe de gabinete de Néstor Kirchner.
Encontré una similitud con Sergio Massa: el timbre de su voz que, cuando lo sube, se le aflauta.
Fue un discurso breve, como de diez minutos, y emotivo, ya que alegró a algunos e irritó a otros.
Una última observación: a diferencia del Presidente, no se lo ve entrenado por profesionales, sino aprendido de su propia experiencia. Es filoso en sus expresiones, pero sin ofender, y valórico en sus consideraciones.
Esto se traduce en forma agresiva cuando transciende a través de los medios. Lo que nos llega por terceros, sean periodistas u otros dirigentes, suele estar sazonado en forma muy picante.
Me animo a pensar que su forma de expresarse variará en estos primeros tiempos de la campaña hasta que encuentre su propio tono. Pero lo que se vio el martes en el Jardín de la República merece una aprobación.+

La política


Es habitual que la gente que me conoce me pregunte sobre mi actividad política, ya que algunos recuerdan algunas de mis candidaturas o trabajos en think tanks o en la administración pública.
Es natural que en un tiempo crítico como éste, haya quienes desean saber quién pueda estar trabajando en alguna solución.
Mi respuesta no es la que se suele esperar, pero es simple: en una democracia republicana, la política es construcción de consensos mayoritarios para el bien común, y eso lo puede realizar cualquiera y de muy distintas maneras.
He dedicado la vida a la comunicación y a las relaciones públicas y he trabajado por el consenso de políticas públicas -a veces en aspectos muy específicos- desde muy diversas posiciones profesionales.
De todos modos, dado que la consulta suele estar orientada a la cuestión totalmente desinteresada, a lo que normalmente llamamos compromiso militante, debo decir que no hay en la actualidad -signada por el profesionalismo de las maquinarias electorales y el vaciamiento de los partidos políticos como vehículos de la propuesta política- nada más generoso que las asociaciones y los clubes; las asociaciones para aquellas causas o temas que nuclean intereses, y los clubes para las entidades que reúnen a vecinos o comunidades.
Estoy convencido de que los clubes volverán a ser el ámbito de asociación territorial básico de las comunidades, ya que permiten un relacionamiento transversal a las generaciones y a las profesiones; dan contención a los mayores y contribuyen a la formación de los jóvenes en los valores; cultivan las tradiciones y son portadores del patrimonio y la memoria común.
En este momento de mi vida, nada me brinda más satisfacción que colaborar en los clubes y asociaciones a las que pertenezco.+

Foto: gentileza de La Gaceta del Tucumán

¡A Vos, Poirier!


"A Vos, Dios" es la traducción del latín de la palabra Tedeum.
Pero es a vos, José María Poirer, a quien dedico estas líneas como respuesta a tu artículo publicado hoy en el diario La Nación, en el que sugerís pensar en alternativas a esta celebración protocolar del Día de la Patria. No es extraño que sea La Nación el que publique esta clase de reflexión posmodernista.
En primer lugar, debo reconocer el valor de un par de cosas allí apuntadas. Primero, que la idea de repensar suele redundar en una revalorización de las celebraciones; estoy de acuerdo con esto en todos los casos. Luego, porque aquella ceremonia que se constituyó en la celebración protocolar del 25 de mayo no se creó para que el obispo de turno rete al jefe de gobierno recientemente investido;
al contrario, se trató de una acción de gracias en la que la Iglesia, tan identificada con el poder en ese tiempo, bendijo a una junta que se levantaba contra el poder de España y, en última instancia, del mismísimo Papa.
Pero me duele que esa reflexión peregrina, ya que no sugiere ninguna propuesta superadora, omite destacar el valor de la tradición. Porque, como dijo Nicolás Avellaneda, “los pueblos que olvidan sus tradiciones, pierden la conciencia de sus destinos, y los que se apoyan sobre sus tumbas gloriosas, son los que mejor preparan el porvenir”.
Para una nación occidental es tan natural que los festejos se eleven como acción de gracias a Dios como el hecho de que eso se haga en un templo cristiano, en nuestro caso católico.
Durante estos últimos años ya tuvimos una dosis muy elevada de esoterismo como para no reconocer sus consecuencias y retomar el camino de la tradición y el respeto por nuestros mayores.
Me lastima el hecho de que la nota lleve al pie, en forma respaldatoria de tales reflexiones, el cargo que ocupa el autor, como director de la Revista Criterio, que hubo de ser un faro de la intelectualidad católica en el pasado.
Me animo a rescatar la invitación de José María Poirer para que ratifiquemos el rumbo de que hizo de la Argentina una nación próspera y fraterna.
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.+

Foto: infobae.com

El Calvario de Notre Dame

Imagen recibidas por WhattsApp

No puedo dejar de relacionar estas imágenes con las del 11 de septiembre de 2001, cuando las Torres Gemelas fueron derribadas como producto de un  ataque áereo suicida, de un atentado terrorista. Porque Notre Dame es a Francia lo que el World Trade Center era a los Estados Unidos.
El hecho de que la Catedral parisina estuviera en reparaciones no evita las sospechas, porque son muchos los edificios históricos que están en reparaciones en todo el mundo y no tenemos noticias de que siquiera alguno de esos termine arruinado.
Recordemos siempre esta fecha. Porque el 15 de abril de 2019 cayó uno de los principales estandartes de la Francia cristiana, del continente cuya historia coincide con la de la Iglesia Católica.
Podemos ser indolentes ante estas pavorosas imágenes y negar que estamos viendo lo que realmente está sucediendo en la cuna de nuestra civilización occidental.
Porque, tanto para los que son creyentes como para los que no lo son, la caída de la aguja de esa emblemática construcción medieval constituye un hito histórico de altísima significación.+

Vídeo recibido por WhattsApp

La inseguridad llega al cine


El cine tiene la maravillosa capacidad de impactar en la población con sus tramas, sus finales, sus climas y su temática, entre otras maneras.
Tal vez lo que consiga Mariano Cohn, con 4x4, en pleno año electoral sea instalar en la opinión pública el debate acerca de la justicia por mano propia y de la incapacidad de Estado para cumplir con sus funciones fundamentales; en este caso, la seguridad.
No es un dato menor el hecho de que haya dedicado su filmación a la memoria de su hermano, que fuera también su colaborador, y que habría muerto como consecuencia de la negligencia de la Guardia del Hospital de San Isidro.
Es una pena que el cine se ocupe de lo que no haya podido la política.
Se trata de una película muy intensa, pero magníficamente lograda. Por ejemplo, sucede en gran medida en el interior de una camioneta, sin que la audiencia pueda relajarse ni un segundo. Las actuaciones tanto del protagonista, Peter Lanzani, como de Dady Brieva y Luis Brandoni, son excelentes.
Es meritorio que la acción se presente en muy pocos escenarios sin caer en la repetición de planos y con una trama tan rica que permita presentar numerosos argumentos para poner a la balanza, sin que el director tenga la más mínima intervención en el juicio del espectador. Tal vez por momentos sea exagerado el sadismo, pero no hay otro elemento a mi parecer que sea disonante.
Celebro que el cine argentino esté en capacidad de presentar este trabajo, que vale la pena ir a ver.+

La vida suburbana


Es fácil elevar los ojos al cielo y dar gracias por la vida que nos donó mientras se escuchan las campanadas del convento de Santa Escolástica, a unos 400 metros de casa.
En el verano, estamos casi todo el tiempo afuera. Esta mañana también pude escuchar, más lejana -ni sé dónde-, la sirena convocando a los bomberos; y el sábado a la noche pudimos oir perfectamente la aproximación del auto de unos amigos que venían a comer con nosotros en la matera.
Hasta mis 32 años viví en el centro. Recuerdo haber escrito en 1987 una nota sobre la polución auditiva en el balcón de mi cuarto, que daba sobre Arroyo y Esmeralda, en el que explicaba que aún en ese sexto piso no alcanzaba a escuchar el sonoro tableteo de mi máquina de escribir debido al ruido que venía de la calle.
Es cierto que todos los días hábiles viajo más o menos dos horas para ir a trabajar, pero también hay maneras de aprovechar ese recorrido: si es en auto, conversando con los hijos; si es en tren, leyendo, o deleitándose con el paisaje ribereño, si es en la lancha colectivo. Todo pasa por vivir con armonía, por el uso del tiempo vital, por la cadencia.
En el jardín veo a los venteveos tirarse a la pileta desde una planta, mojarse un poquito y volver a la rama; al carpintero, golpetear el altísimo palto que preside el jardín, y a los caranchos patrullar las alturas. Claro que esta biodiversidad tiene también lagartijas, que combaten a los insectos, roedores y palomas, como en todas partes. También hay gatos y perros callejeros, que los vecinos cuidan y alimentan, y cada tanto aparecen algunos carros de chatarreros tirados por caballos.
El calor no se sufre ni se combate, sino que se viste y se disfruta.
No hay gente, sino personas. Uno las ve venir por la calle desde unos cuántos metros antes y puede llegar a observar si es un vecino o un transeúnte, y de analizar los móviles de su andar.
En la ciudad en la que vivo la gente discute sobre la poda de las tipas de la avenida del Libertador. Si están bien o mal realizadas, y si van a mantener el formato abovedado que dan sombra y embellecen a la principal arteria de la ciudad. Lo discutimos en casa y hasta se discute en reuniones públicas en la voz de los paisajistas que decidieron vivir en una zona en la que se puede estar en contacto permanente con la naturaleza.
A la tardecita, la brisa que viene desde el río se lleva el calor tierra adentro. Este refresco es festejado por las aves, que musicalizan el aromatizado parque, tanto en el crepúsculo como cuando amanece. Entonces, jazmines y floripones alcanzan tanta intensidad como la paz que reina en el vecindario en el que las monjas benedictinas rezan por nosotros, por la Iglesia y por la Humanidad.+

Dos protagonistas de La Tablada

Durante el copamiento guerrillero y la recuperación del Regimiento de La Tablada yo era periodista en el diario La Nación. Aunque no me tocó cubrir el incidente, tengo un recuerdo muy vívido de aquellos días. Con el tiempo, tuve el gusto y el honor de hacer amistad con dos militares que tuvieron destacada labor en ese triste episodio de nuestra historia y no pude resistir hacerles algunas preguntas a 30 años de aquellos nefastos sucesos. Estos son sus testimonios.

Al término, el presidente Raúl Alfonsín recorrió las instalaciones. Foto: Diario de Cuyo
El teniente Esteban Vilgre Lamadrid, estaba de licencia en el Hospital Militar para acompañar a su mujer que estaba en reposo tras dar a luz a su primer hija, luego de tres embarazos frustrados. Al pasar por la guardia observó mucho movimiento de ambulancias y, ante su consulta, se enteró del copamiento de La Tablada por el Movimiento de Todos por la Patria (MTP).
Sin pensarlo dos veces salió hacia su cuartel para cambiar sus traje de baño, remera y ojotas por el uniforme de combate, y se presentó ante su superior para solicitar acudir en defensa de la guarnición. Le explicó que conocía bien el lugar porque había estado haciendo un curso allí y que tenía experiencia de combate (es veterano de Malvinas), a diferencia de los que habían sido enviados a cargo del operativo. Se le concedió permiso para ir a abastecer de comida y bebida a la fracción que acababa de partir.
"Salimos en una combi con un suboficial cocinero, Burgueño; paré en un restaurante, compré sandwiches de milanesa; luego en un kiosko para llevar bebidas frías, y las metimos en una  heladerita. Al llegar, nos detuvo la policía y nos advirtió que tengamos cuidado con los francotiradores (desplegados en terrazas de las viviendas vecinas para dificultar las tareas de recuperación de la unidad militar), por lo que tenía que ir asomado por la ventanilla con el fusil. Avanzamos por la avenida Crovara, entramos por el casino de oficiales y nos dirigimos a la cancha de paleta en donde estaba el general a cargo de la operación. Le dije que necesitaba llegar hasta la fracción de Patricios, para alcanzarles la comida y la bebida, y me enviaron la Guardia de Prevención, que estaba del otro lado, por lo que tuve que cruzar la Plaza de Armas. Cuando estamos por llegar, nos disparan; contesté el fuego y ví saltar a algunos de ellos; traté de alcanzarlos, mientras me cubría el suboficial que estaba conmigo, y alcancé a ver que se metían en la Compañía B. Ahí me encontré con el jefe de la compañía de comandos, mayor Sergio Fernandez, quién me pidió que me quede con ellos y que los dirija cuando les ordene ingresar. Lo demás es historia conocida: el asalto a la Compañía B, al Casino de Oficiales, las muertes de  (el teniente Ricardo) Rolón, (los sargentos primeros Ramón) Orué, (Ricardo) Esquivel... hasta que se fue haciendo de noche".

Había sido un día de calor sofocante. Una jornada de inesperada acción a plena adrenalina que vino a cortar de cuajo el clima de luna de miel que llevaba hacía veinte días en Pinamar. Como tantos militares que se sintieron avasallados al enterarse de la toma del regimiento de La Tablada aquella madrugada del 23 de enero de 1989, otro joven que no alcanzaba los treinta años, el entonces teniente Aldo Franco se presentó en forma voluntaria para repeler la agresión y recuperar el cuartel.
Tras un lustro de humillaciones y de desconsideración, los efectivos de las fuerzas armadas y de seguridad vibraban de ansiedad por demostrar lo que eran capaces de hacer para defender su honor, el del Ejército, a su Patria y al estado de derecho. 
Pero tanto entusiasmo, tropas y poder de fuego no sirvieron para liberar inmediatamente las instalaciones; por el contrario, hubo mucha gente tomando decisiones en forma individual y, en muchos casos, que no respetaron la cadena de mandos. Por su parte, los terroristas no habían improvisado y estaban bien interiorizados de lo que había que hacer: ingresaron por la guardia, marcharon directamente a los tanques -que no lograron poner en marcha- y de allí salieron para la Compañía B en donde estaban los soldados conscriptos, a los que tomaron de rehenes, cuenta Aldo.
Las fuerzas de la ley habían recuperado ese lugar pero, ante la falta de entrenamiento específico -dado el nuevo contexto legal, que no suponía la hipótesis del combate urbano-, aquellas instalaciones recuperadas no se supieron mantener bajo control y dieron nuevamente refugio a algunos insurgentes.
Debido al evidente el desorden operacional, el comando a cargo de la Fuerza decidió que se dejara exclusivamente al grupo de comandos todo el control de la operación que, enseguida, tendió un cerco en torno del reducto guerrillero.
La tensión, la ansiedad, la incertidumbre, el calor y el cansancio hicieron su trabajo de desgaste; el suboficial Sierra, prisionero de los rebeldes, colaboró con su prédica que instaba a la rendición. 
Cuando maduró el contexto se produjo la arremetida liberadora. En esa acción Aldo cayó herido. Eso le valió el ascenso a mayor y una condecoración pero al mismo tiempo lo dejó en retiro efectivo de la fuerza.
Ese oficial que había decidido que su vocación sería la defensa de la Patria, si era necesario a costa de su vida, y que había sobrevivido a la Guerra de Malvinas alcanzó demasiado rápidamente su meta y debió reciclarse, como lo terminara haciendo, como un exitoso empresario de la logística; actualmente es dueño del Grupo Detall.

Tampoco obtuvo mayor recompensa Esteban al regresar a su regimiento -el de Infantería I de Patricios- cuando se presentó ante su superior quien, en lugar de darle contención y de felicitarlo, éste lo sancionó y lo envió castigado a la pieza, porque supuestamente no le había dado autorización de quedarse en el combate. Recién pudo llegar a los dos días a su casa y tranquilizar a su mujer, que no sabía nada de él, y besar a su hijita.

"Malvinas no me dejó tanto ruido en la cabeza como La Tablada, que durante un par de semanas me produjo pesadillas nocturnas y el temor de que se me aparezca un guerrillero en la calle y me mate por haber combatido contra ellos", asegura Esteban. Esos días fueron anímicamente duros. Además, eran tiempos en que se definía qué tipo de Ejercito se estaría configurando a futuro. Todo era muy incierto para una profesión que precisa bases sólidas.

Ambos describen en forma similar a los dos perfiles de guerrilleros. Para Aldo, "estaban los que habían sido parte de la Brigada del Café hacía un año en Nicaragua (abril y mayo del año anterior, 1988), gente muy preparada; algunos entre sus pertenencias tenían hasta cuatro tarjetas de crédito, pasaportes. El resto eran perejiles; gente que, en lugar de haber ido a la obra los habían llevado a una manifestación. Habías bastantes mujeres, y muchos estaban en zapatillas".

También coinciden en que este combate les dejó un sabor mucho más amargo que Malvinas. "El terrorismo les infunde un fanatismo que lleva a relativizar completamente la muerte; la ajena y la propia. En sus testimonios, no reflejan arrepentimiento ni siquiera por haber matado a soldados conscriptos. En Malvinas, teníamos enfrente a soldados profesionales que uno sabía que si caía lo iban a atender; en La Tablada tenía a compatriotas, hombres y mujeres, civiles -el militar no está preparado para combatir con ellos- y gente que yo sabía que si me podía rematar herido, lo iban a hacer. Sabíamos que no podíamos caer prisioneros de ellos", dice Esteban.

La Tablada dejó una serie de postales macabras que reflejan la trágica irresponsabilidad de una acción política que jugó literalmente con fuego.+

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